Sunday, October 08, 2006
El pueblo sí percibe el engaño y la mentira
Por Jaime Muñoz Mantilla*
Los 17 días de campaña electoral que restan se perfilan claramente de la siguiente manera: 1. La popularidad de Rafael Correa crece incontenible. La razón hay que encontrarla en la claridad de sus propuestas transformadoras. A lo que el establishment, por cierto, las calificade demagogia.
2. La respuesta de los otros candidatos, prácticamente todos, se dirige a atacarlo. LFC se incorpora con insultos de la peor ralea. Lo hace el "enviado de Dios" (quien, de pasada, ofrece suprimir el impuesto a la renta y mantener el IVA. Traducción: tributos para el pueblo, exención a los poderosos). Roldós -¿influido por Elgarresta?- se presenta, en un maniqueísmo medio cómico, como la encarnación del bien, a Correa como la del mal. La campaña se vislumbra agresiva. A ella se suman, con ciertas excepciones, columnistas de variada jerarquía, cuyo mensaje -denominador común se enfila a asustar al elector, previendo un supuesto caos por las acciones de la Asamblea Constituyente, por la supuestas fuga de capitales extranjeros, por la supuesta ausencia de inversión. Creemos que el establecimiento tiembla, lo hace cuando clamapor "el orden, la tranquilidad, la lentitud de los procesos de cambio".Es de esperarse, por supuesto, que las triquiñuelas del marketing electoral no peguen en el pueblo sensato (el 99% de la población). Resta lo más importante: una vigilancia minuciosa, exigente y sin concesiones para evitar el fraude que sin duda andan montando quienes ven alejarse la posibilidad de que sus privilegios continúen. Si hay honestidad de parte de los candidatos, todos deben instruir a sus delegados en las mesas electorales para que actúen de veedores con la más absoluta estrictez de procedimientos, impidiendo que se favorezca, con cualquier recurso, a candidato alguno. O que se lo perjudique. No creemos en aquel esteriotipo de que "el pueblo nunca se equivoca". Creemos, eso sí, que tiene la materia prima, la lucidez para percibir el engaño y la mentira.

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